Sorbete clásico, pero sin darlo por sentado, para el deleite de grandes y pequeños. Frescura inconfundible con un agradable aroma decisivo de la parte más noble y rica de su piel. Además de dar un sabor más pronunciado, recuerda nostálgicamente los largos días de verano entre el sol y el mar. Es absolutamente recomendable para después de las comidas, como un refrescante intermezzo o como digestivo. El sorbete de limón con cáscara le da al paladar la extraordinaria sensación de acidez típica de limón fresco en todas sus variaciones.